Cuando Los Padres Se Van y Los Hijos Se Quedan

La emigración por presiones económicas impone ausencias dolorosas, pero también abre las puertas a una vida mejor.

Precio de la Distancia

Cuando Rosa Ramírez tomó la difícil decisión de trabajar fuera de México (donde la tasa de desempleo era altísima), y dejar a sus hijos al cuidado de sus padres, Crystal apenas caminaba y José María era un bebé. Pero Ramírez, abandonada por su marido, no tenía otra opción. Cruzó la frontera a Estados Unidos y se puso a trabajar. En más de una década apenas ha visto a sus hijos, lo que a menudo la deprime. "Lo que menos quiero es estar lejos de ellos", dice Ramírez, de 36 años. "Pero recordar mi duro pasado me da fuerza para seguir adelante".

De niña, Ramírez dormía en el suelo, trabajaba en el campo y pasaba hambre. Ahora, gracias a su trabajo limpiando casas en Los Ángeles, puede enviarles a sus hijos $200 cada quincena, con lo que tienen una infancia mucho mejor que la suya. Pero la distancia tiene un precio emocional muy elevado para su familia. En todo el mundo, debido a las disparidades económicas entre los países y el papel cada vez mayor de la mujer como sostén económico de la familia, más y más madres e hijos se ven separados durante años debido a la inmigración, explica Carola Suárez-Orozco, profesora de sicología de New York University, en Steinhardt, y experta en el tema.

No hay datos sobre el número de familias divididas por la inmigración. "Pero sucede muchísimo y es lo suficientemente común como para que muchos científicos que trabajan con inmigrantes en diversos países digan: 'Necesitamos saber más sobre esto'. Éste es un problema que está afectando a muchísimas familias", afirma Suárez-Orozco. Los estudiosos están organizando congresos internacionales para investigar su impacto en la sociedad. Por suerte para todos, películas como La misma luna y libros como La travesía de Enrique están generando atención sobre este espinoso tema.

Más allá de todo esto, la separación familiar causada por la inmigración no es nada nuevo. Pero históricamente los hombres han sido los pioneros de la familia. Ahora, cuando es más frecuente que la madre emigre primero, el impacto sicológico en los niños es mayor pues el vínculo maternal es más fuerte, sobre todo en las familias tradicionales como las latinas, explica Suárez-Orozco. Afortunadamente, debido a los estrechos lazos familiares entre los hispanos, a menudo hay abuelas, tías u otros parientes dispuestos a hacerse cargo de los niños cuando los padres se ausentan por largo tiempo, dice Victoria Mitrani, profesora e investigadora de la University of Miami.

    Repercusiones en Los Ninos

    Sin embargo, las separaciones pueden tener repercusiones en los niños. En años recientes, sicólogos en Estados Unidos comenzaron a notar cada vez más en sus consultorios los efectos de años de separación. En un estudio de 385 adolescentes que inmigraron a Estados Unidos, Suárez-Orozco y sus colegas descubrieron que estos jóvenes son más propensos a la depresión. Entre jóvenes hispanos adictos a las drogas en Miami, Mitrani descubrió que muchos tenían un factor en común: separaciones prolongadas de sus padres. Curiosamente, no era algo que los afectados identificaban como una de las causas de sus problemas.

    La separación física puede crear también un alejamiento emocional entre padres e hijos, explica Mitrani. La relación que debió forjarse durante los años de formación no existe o no evoluciona. Los padres no saben cómo tratar a sus hijos y viceversa. Más importante aún, comúnmente las madres albergan un sentimiento de culpa y los niños se sienten abandonados, lo que perjudica su relación, destaca Mitrani. Pero una vez que salen a relucir estos sentimientos, es mucho más fácil resolver los problemas creados por la separación, afirma.

    Cruzar fronteras y dejar atrás a sus hijos no es una decisión que las madres toman a la ligera, asegura Suárez-Orozco. "Han quedado viudas o su esposo las ha dejado, y hay una crisis que las obliga a pensar que deben hacer algo para mantener a sus hijos. Piensan: 'Me iré por un año y ahorraré el dinero para traer a mi hijo'. Pero se les hace difícil ahorrar. En Estados Unidos, el dinero no abunda como en épocas pasadas o como luce en las telenovelas o películas. Ahorrar toma largo tiempo y cuesta mucho más de lo que jamás imaginaron".

    Una de las grandes satisfacciones y penas de Arcelia Sánchez, de 50 años, es trabajar en Miami criando niños ajenos para sacar adelante a sus tres hijos en Nicaragua. "Estar lejos de mi familia es lo más duro", afirma. "Una vez mi hijo mayor me dijo: 'Ay, mamá, usted por estar trabajando nos ha dejado tanto tiempo solos' ". Ella le respondió: "Mira, amorcito, si yo me he separado de ustedes no es porque lo he querido, sino porque si yo no trabajo, nadie les dará lo que yo les doy". Sánchez antes viajaba a verlos cada seis meses. Pero desde que se venció su visa hace cinco años, ver a sus hijos es apenas un sueño. Trata de llenar el vacío con llamadas casi diarias, cartas, fotos por correo electrónico y regalitos. Pero es sabido que la tecnología no puede reemplazar al cariño, los afectos y las emociones. "Saber que yo no puedo ir a ver a mi familia es el sufrimiento y la culpa más grandes que he tenido en la vida", asegura.

      Los Inmigrantes Ilegales

      La enérgica aplicación de las leyes de inmigración y la postergación de una amnistía en Estados Unidos, últimamente han complicado la situación para los inmigrantes ilegales, quienes no pueden regresar a su país para visitar a sus hijos ni legalizar su situación para traerlos. "La cosa está empeorando", afirma Suárez-Orozco. "Cada vez es más difícil traer a la familia a través de la frontera y una vez que los padres están aquí, es más difícil para ellos volver". Algo que los padres sí pueden controlar, aseguran los expertos, es la relación a larga distancia que mantienen con sus hijos. "La forma en que la familia lidia con la separación tiene un impacto enorme en qué tan bien le va al niño", asegura Suárez-Orozco.

      Por eso es de crucial importancia que los padres expliquen a sus hijos los motivos de su emigración y de sus ausencias, mantengan contacto cariñoso y frecuente con ellos, cultiven una buena relación con la persona a cargo de ellos, pinten una imagen realista de su vida en Estados Unidos y de lo que los niños pueden esperar cuando finalmente emigren, y que todos sean conscientes de que las dificultades en el proceso de reunificación son normales.

      Tras un divorcio y debido a la situación económica de su país, Gabriel Fayngolz decidió irse de Argentina hace casi diez años. Estados Unidos le ofrecía una oportunidad más real de darles un mejor futuro a sus hijos, quienes entonces tenían 13 y 6 años. Pero antes de partir, Fayngolz, de 47 años y residente en Manhattan, Nueva York, habló con Ariel, el mayor. "Él comprendió muy bien", dice. "Él me dijo: 'Papi, prefiero que estés lejos pero que estés bien y que te sientas bien, porque así nosotros también lo estaremos' ". Fayngolz lamenta haberse perdido parte de la niñez de sus hijos, pero tiene la satisfacción de haber mantenido una relación estrecha con ellos. Los llama semanalmente, los trae a pasar el verano con él y los visita a menudo. "Paradójicamente, me he acercado muchísimo más a ellos desde que me fui", asegura. Pero tras años de distancia, no siempre es fácil retomar la relación. A menudo, a los padres les cuesta tratar a los jóvenes conforme a su edad pues los siguen viendo como los niños que dejaron atrás, explica Mitrani.

        Cambios y Complicaciones

        "La madre debe recordar que se trata de un muchacho de 14 ó 15 años y que debe hablarle diferente a cuando tenía 9 ó 10", dice. Además, cambios en la constitución de las familias, nostalgia por el país de origen y la persona que se encargó de los niños, falsas expectativas sobre la relación o la vida en Estados Unidos, problemas económicos y de idioma, y las tensiones propias de la aculturación aún pueden complicar más las cosas.

        Según Suárez-Orozco, "muchas personas que acudían a consultas decían: 'He estado separada de mi hija cinco años y ya no me escucha', o 'He estado lejos de mi hijo tres años y en la actualidad está conmigo, y al comienzo todo iba de lo mejor, pero ahora está realmente enojado de que lo dejara', o 'Mis hijos están conmigo, pero no aguantan a sus nuevos hermanos o a su padrastro' ". Ventilar los sentimientos de culpa o abandono y reconocer que habrá un difícil período de adaptación puede ayudar mucho, asegura Mitrani. "El hecho de que tengan problemas es muy normal".

        Al comienzo, a Ramírez se le dificultaba comunicarse con sus hijos pues sólo había un teléfono en el pueblo donde viven. Gracias a su trabajo, les ha construido una casa, les hizo instalar un teléfono y los llama semanalmente. Pero llegó un momento en que el peso de la separación llegó a ser abrumador, particularmente para su hija. "Estaba tan enojada que ni quería hablar conmigo. Si me hablaba era para pedir algo, pero no para decirme: 'Mami, te extraño, te quiero'. La entiendo porque no he estado con ella en toda su vida". Cuando Crystal, que ahora tiene 14 años, la visitó recientemente, expresó resentimiento por estar encerrada en casa y tener que cuidar a sus primos. Además, se mostró recelosa de su nuevo hermanito y rechazó a su madre cuando ésta quiso expresarle su amor por ella. Pero Ramírez entiende su reacción y ha tomado clases sobre cómo mantener una buena relación a la distancia con sus hijos. Aunque Crystal decidió regresar a México, la visita hizo que se diera cuenta de que su madre trabajaba duro para darle una mejor vida y su relación mejoró. "Estoy aquí", dice Ramírez, "no porque quiero sino porque deseo una situación mejor para ellos".

          Estrategias Utiles Para La Comunicacion

          De acuerdo con la experta Carola Suárez-Orozco, tú puedes hacer mucho por mantener una buena relación a larga distancia con tus hijos.

            • Prepáralos y explícales por qué te vas. "No hay nada más doloroso que un niño se te cuelgue de la pierna y te diga: 'No me hagas esto', pero de todos modos es un aspecto importante del proceso dejarles saber que te estás yendo y no simplemente desaparecer de la noche a la mañana". Si te fuiste sin una explicación, ofrece una y reitera tu cariño.
            • Asegúrate de que tu hijo no se culpe por tu ausencia. Así como cuando los padres se divorcian, a veces los niños se sienten responsables del hecho diciéndose: 'Si hubiera sido un hijo más amoroso mami no se habría ido'. Dile cuánto lo quieres y que a pesar de tu larga emigración, la familia se beneficiará a largo plazo.
            • Mantén una buena relación con la persona a cargo de los niños. Asegúrate de apoyarla, no le quites autoridad y recuérdales a tus hijos cuánto los quieres: "Mami los extraña mucho. Miren qué duro trabaja para enviarles lo que necesitan para vivir una vida digna y con un futuro mejor. Voy a mandar a buscarlos apenas pueda".
            • Sigue en contacto permanente con tus hijos. Llámalos, mándales mensajes electrónicos y, si puedes, cómprate una cámara para la computadora para que se puedan ver. Envíales regalitos simbólicos que indiquen que estás pensando en ellos, manténte al tanto de sus actividades y comparte detalles de su vida diaria y de sus planes futuros.
            • Prepárate para la reunificación rodeándote de personas con hijos de la misma edad, averiguando sobre servicios comunitarios disponibles y creando mayor estabilidad en tu vida personal y familiar.
            • Cuando vuelvan a vivir juntos, cuenta con que ambos tengan sentimientos encontrados. Es posible que, a pesar de que el niño esté contento de estar contigo, extrañe a sus abuelos, sus amigos y la libertad que tenía en su pueblo. Quizá se sienta defraudado en su nueva vida si pasa mucho tiempo en casa, tiene dificultades con el idioma, si debe acostumbrarse a familiares nuevos o no tiene el estilo de vida que anticipaba. Hablen sobre lo que siente y explícale que todo eso es muy normal.
            • Procura darle gustos sin consentirlo demasiado para compensar por los años de ausencia. Restablece tu autoridad en los asuntos de mayor importancia.
            • Comprende que es normal que muchas veces tu hija sienta rabia y se sienta abandonada. Si ves que no puedes lidiar sola con el tema, quizás te convenga buscar ayuda de un experto.

              Originally published in the October 2008 issue of Ser Padres magazine.