C?mo disciplinar a los amigos de sus hijos

Ya es bastante duro controlar que no se maltraten entre ellos, que no contesten a los mayores y no dejen tirados los juguetes por todos lados. Pero, ?qu? pasa cuando los hijos ajenos se comportan mal en su presencia? Aqu? no s?lo les explicamos las causas y efectos del problema sino que les damos los consejos para que lo resuelvan.

El día era perfecto para unas horas de juego en un parque del sur de Florida, pero para Alexia Huete la diversión acabó con un empujón de un amiguito. La niña, de 3 años, estalló en llanto. Su madre, Thelma, recuerda que le indicó al niño que ese tipo de bromas no eran permitidas. Además, cuando la mamá de éste llegó a recogerlo, le informó lo que había sucedido, aunque agregó que el incidente no había pasado a mayores. "Lo importante es no perder la calma o el control de la situación", dice Huete. "Hay personas que castigan a los niños de otros, pero yo no. Yo no castigo, pero sí le digo todo a su mamá".

Nos ha pasado a todos. Surge un conflicto con hijos ajenos y nos vemos en la posición de  apaciguar la tormenta. Cuando los otros padres no están presentes o cuando lidian con la situación de una manera que consideramos inapropiada, la cosa se puede poner espesa. Además, para los latinos en los Estados Unidos, a veces, las diferencias culturales también pueden crear problemas inesperados.

Los valores de los miembros de una cultura se reflejan en la manera en que disciplinan a los niños, explica Vicki Ritts, Ph.D., profesora de sicología de St. Louis Community College en Missouri. El respeto es un valor muy importante en las familias latinas, dice. "Es por eso que a veces la disciplina puede ser más estricta que entre los estadounidenses anglos, quienes suelen ser menos autoritarios y más indulgentes".

    Los contrastes de la integraci?n

    Éstas y otras diferencias se han hecho más obvias en la vida cotidiana de los Estados Unidos en la medida en que los vecindarios se han integrado más, y los niños latinos y los demás estudian, juegan y pelean lado a lado, indica Lupita Montoya Tannatt, profesora de sicología en Santa Monica College, en California, y coautora de Los niños bien educados, un programa de capacitación de padres.

    "Por ejemplo, sus hijos están jugando en una liga de fútbol y usted está encargada de los bocadillos", indicó Tannatt. "Al final del juego les da a los niños algo que comer, y algunos de ellos no dan ni las gracias, mientras que se espera que todos lo hagan. Usted quizá diga: 'Es cortés dar las gracias'. No veo nada de malo con eso. Pero a algunas familias no les gusta que se corrija a sus hijos".

    Por lo general, a los latinos les molesta menos la intervención ajena porque están acostumbrados a ella. Posiblemente esto se deba a su tipo de vida familiar, en la que la abuela, el tío o la amiga consideran que tienen el derecho y sienten la responsabilidad de educar a los niños allegados.

    Tannatt compara la estructura familiar anglo a un rectángulo y la latina a un triángulo. Las familias anglos, por ejemplo, quizá lidien con un problema con una reunión familiar en la que padres e hijos intercambien ideas y hasta determinen la solución con un voto. "En la familia hispana, nos sentimos más cómodos diciendo: 'Nosotros somos los padres; nosotros tomamos las decisiones; nosotros sentamos las pautas' ".

    Las diferencias son evidentes en cosas tan simples como la manera de dirigirse a los padres de los amigos, indicó. Algunos niños los llaman por el nombre de pila con toda naturalidad, mientras que a otros jamás se les ocurriría omitir el "señor" o "señora".

      Disciplinar no es gritar

      "Hay de todo en todos los grupos, según se trate del nivel de educación y el temperamento", afirma la doctora Natacha M. Padrino, M.D., siquiatra de Miami especializada en niños y adolescentes. "Aunque no hay que generalizar, los latinos somos más de pegar cuatro coscorrones y cuatro gritos. Y no debe ser así. A los niños no se les grita si no quieres que te griten". Además, la disciplina de los niños ajenos se simplifica si hay valores comunes.

      María Romero, de Boston, tiene cuatro hijos varones entre los 7 y los 14 años, por lo que cuando los amiguitos vienen de visita, las normas de conducta se aplican por igual. "Si vienen, es a jugar para divertirse y no para dar más trabajo", dice. "Se tienen que amoldar a las reglas de la casa. Cuando yo les digo a las mamás que a sus hijos los trato igual que a los míos, me dicen: 'Qué bueno. Qué maravilla'. Y, obviamente, a estos niños les gusta porque siguen viniendo. Tan duro no debe ser".

      Ese entendimiento tácito entre los padres, dice Romero, quizá se deba a que los compañeros de sus hijos, en su mayoría anglosajones, así como los suyos propios, son criados básicamente de la misma manera. "Nunca me toca un loco que se cuelga del techo y habla barbaridades".

      Sin embargo, no todos los padres y otros adultos tienen la misma suerte. Los expertos recomiendan que para evitarse dolores de cabeza, antes de que se les abra la puerta de la casa a los niños del barrio para que vengan a jugar con sus propios hijos, usted haga las debidas indagaciones sobre la idiosincrasia de sus padres, sus hábitos culturales y modalidades de crianza y disciplina. Esto facilitará su vida así como la de sus hijos, la de sus amigos y la de la los padres de sus compañeros.