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Crecer De Golpe

El hijo de la inmigrante nicaragüense Casta Alvarado tenía unos ocho años cuando, entre lágrimas, le hizo de intérprete ante los agentes de policía a quienes llamó cuando la dueña del apartamento que alquilaba en Miami la echó por un malentendido, quitándole así el acceso a medicamentos que el niño necesitaba para el asma. Gerardo ha actuado como intérprete del español al inglés para su madre desde que entró a la escuela. Con el paso de los años se convirtió en su único vínculo con el mundo exterior. Sólo que esa vez fue muy dura. "Le hice pasar muchos malos ratos", reconoce Alvarado, quien se arrepiente de no haber aprendido inglés antes, atemorizada por una pareja abusiva que evitó que asistiera a clases.Ese papel hizo que el niño desarrollara su español, aprendiera a resolver problemas familiares y ajenos y fuese muy humano con otras personas en dificultades para comunicarse, dice Alvarado. Pero también lo puso en situaciones inapropiadas de adultos, lo hizo pasar vergüenzas y la minimizó como madre, añade.

Su caso no es único. Uno de cada cinco niños en Estados Unidos es hijo de inmigrantes. Aunque en la mayoría de esos hogares los adultos hablan por lo menos un poco de inglés, en aproximadamente un cuarto de los casos el único que puede comunicarse con el mundo exterior es un niño, quien generalmente es bilingüe. Esto los fuerza a asumir la función de intérpretes oficiales de la familia en tiendas, oficinas del gobierno y consultorios médicos. Los niños pasan así a ser intermediarios entre dos culturas y llenan formularios por internet en nombre de sus padres, los ayudan a negociar el alquiler o lidiar con el empleado de la Western Union para enviar dinero a sus abuelos en sus países de origen.

A veces, ese rol hace que los niños enfrenten situaciones inusuales para su edad y que maduren más rápidamente. En otros casos, la inversión de roles puede ocasionar resultados más dramáticos. Lo peor es que todo esto sucede en un momento en que los chicos pasan por uno de los cambios más significativos de sus vidas: adaptarse a otro país. "La migración no es para los débiles de espíritu", señala Carola Suárez-Orozco, profesora de sicología de la Universidad de Nueva York, en Steinhardt, y autora, junto con su esposo, Marcelo, de un reciente estudio sobre estudiantes provenientes de otros países.

Los inmigrantes recientes no sólo pierden todo lo que les es familiar, sino también su estatus social, la facilidad de comunicación y muchas veces, sus seres queridos. Según los Suárez-Orozco, la facilidad con la que los niños se adaptan a su nuevo país depende de muchos factores, entre ellos el nivel económico y la calidad de sus escuelas, la educación de sus padres y su dominio del idioma. "Para algunos", explican, "la inmigración es una aventura emocionante con la que realmente pueden crecer. Si vienen con toda la familia, tienen contactos que los apoyan y la situación económica de los padres mejora; no tiene por qué ser una situación terrible. Pero si están separados de su familia, sus padres pasan largas horas fuera de la casa porque están trabajando o los niños no pueden salir de su edificio de apartamentos porque los padres se preocupan de lo que les pueda pasar, entonces sienten que no pertenecen a la nueva comunidad o sociedad".

Aunque estos pequeños intérpretes culturales han ayudado a sus padres a incorporarse a la sociedad durante muchas generaciones en Estados Unidos, el nivel de responsabilidad actual es muy alto, según varios expertos. Antes, la asimilación de inmigrantes tardaba por lo menos dos generaciones. Pero los niños de hoy, quienes a menudo encierran todas las esperanzas de sus padres sobre el Sueño Americano, sienten muchísima presión de aprender el idioma, procesar toda la información disponible en la era cibernética, sacar buenas calificaciones escolares y graduarse a la edad necesaria.

La economía actual, dicen, no perdona nada. Hace cien años, un inmigrante que abandonaba los estudios podía aspirar a algún día incorporarse a la clase media, pero ahora, sin un diploma, se queda estancado en el más bajo nivel del sector de servicio. En esta difícil transición para padres e hijos, cuando los niños son el nexo entre familia y comunidad, la relación entre ellos puede cambiar considerablemente, intensificando los problemas, dice Donald Hernández, decano del departamento de sociología de la Universidad Estatal de Nueva York, en Albany.

Cuando los roles entre padres e hijos se invierten pueden surgir tensiones adicionales, sobre todo si ya se encuentran en una pugna entre culturas y si se abruma a los pequeños con excesivas responsabilidades, opinan los expertos. Los padres pueden perder autoridad cuando son los hijos los que interactúan con el hospital, la corte o la escuela. "Imagínese a una niña de siete o diez años explicándoles a sus padres lo que la maestra les está diciendo sobre sus estudios, particularmente si no le está yendo bien," explica Hernández. Por eso es importante que las instituciones ofrezcan intérpretes en la medida posible, agrega, lo que les evitará a los chicos crecer de golpe o saltarse etapas cruciales de desarrollo que son absolutamente necesarias para convertirse en un adulto normal.

Sin embargo, el papel de intermediario a veces puede ser beneficioso para los niños. "En algunos casos", señala Suárez-Orozco, "les enseña a ser más maduros, les da autoridad. No es necesariamente algo negativo. Pero también puede exponer a los chicos ante situaciones o información inapropiadas para su edad, como la médica o la legal". La experta Marjorie Faulstich Orellana, profesora adjunta de la Universidad de California, quien ha estudiado de cerca a los niños intérpretes, dice que en la mayoría de los casos éstos realizan la labor en situaciones poco dramáticas, sin mayor impacto. "Las formas cotidianas de hacerlo tienden a ser invisibles o inofensivas, como atender el teléfono, leer el correo o ir a la tienda", asegura, "lo que no los expone a revertir sus roles famliares". Pero más allá de que salvar diferencias culturales y de idioma sea una actividad difícil -incluso para los adultos- muchos pequeños intérpretes lo consideran parte de la vida del inmigrante y lo hacen gustosos. Sin embargo, a veces se les hace pesado dejar lo que están haciendo para interpretar una película o leer la etiqueta de un medicamento para sus padres, comenta. Un buen ejemplo de éstas y otras situaciones por las que atraviesan estos chicos se ve claramente en la película Spanglish, donde una niña se ve obligada por las circunstancias a interactuar con adultos, algo que deriva muchas veces en tomar partido por algunos de ellos en vez de limitarse a ser una intermediaria. Además, algunos niños expresan incomodidad sobre situaciones en las que consideran que sus padres son juzgados o tratados injustamente, como en tiendas o en la oficina de beneficencia pública, viéndose entonces forzados a defenderlos, agrega Orellana.

También puede ser difícil para los niños interpreter sobre asuntos muy privados como relaciones sexuales, intimidades, problemas de dinero entre familias o determinados secretos de familia.

Los expertos también insisten en que los niños aprenden el inglés que se habla en el patio de la escuela muy rápidamente, pero no hay que olvidar que para dominar los matices de un idioma se requieren siete o más años, lo que deriva en el peligro de una traducción errónea o inadecuada, por lo que es muy probable que se termine culpando al chico por los malentendidos entre adultos. También es difícil para los niños si los padres -abrumados por la transición entre la cultura de origen y la del país adoptado, deprimidos por lo que perdieron o simplemente porque están aislados en su nuevo entorno- los usan como terapeutas. "Nunca se recuesten en sus hijos como bastones sicológicos", resume Carola Suárez-Orozco.

Según el estudio de Faulstich Orellana, los niños interpretan más comúnmente en orden de frecuencia, en casa, tiendas, la calle, consultorios, la escuela y restaurantes. "Los niños aprenden mucho al traducer y si se los apoya, puede ser una experiencia buena y gratificante para todos", dice.

En su folleto En otras palabras, disponible en http://www.gseis.ucla.edu/faculty/orellana/samples/IOW61003.pdf, la experta sugiere que los adultos faciliten la labor infantil recordando que hay que:

  • Explicar la información básica con detenimiento para que los chicos puedan entender lo que deben traducir
  • Hablar en frases cortas
  • Usar ademanes
  • Explicar las cosas de más de una manera
  • Darles tiempo para que organicen sus ideas antes de interpretar sus palabras.

  • Tres de cada cuatro hijos de inmigrantes recientes hablan el inglés muy bien o sólo hablan inglés.
  • Casi la mitad de los niños en familias inmigrantes habla otro idioma en casa pero dominan bien el inglés.
  • En uno de cada cuatro hogares hispanos recién llegados al país adoptado desde su país de origen, nadie mayor de 13 años domina el inglés.

Fuente: Children in America's Newcomer Families, 2007.



Copyright © 2008. Used with permission from the May 2008 issue of Ser Padres magazine.