Salvé a Mi Hijo de la Obesidad

Una madre Hispana cuenta cómo lidió con el peso de su chico.
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La Batalla contra la Obesidad


De pequeño, mi hijo Willy fue muy delgadito, o por lo menos así lo veía yo. Crecí en una familia cubana donde sólo los niños redonditos, con cachetes inflados y rosados, eran los saludables. Mi mamá a menudo se quejaba de que no le daba suficiente comida a Willy, de que si no tenía cuidado se iba a enfermar y hasta le podía dar anemia. Por razones que aún no entiendo, todos los cubanos le tienen mucho miedo a la anemia. Mi capacidad de razonar me indicaba que en realidad no era para nada necesario que un niño tuviera que estar "rellenito" para ser saludable, pero tantos años de adoctrinamiento son difíciles de borrar. Estaba ya casi obsesionada con la alimentación de Willy, sea forzándolo a terminar su cena, o asegurándome de que tuviera comida todo el día ? hasta que cumplió 7 años.

Ése fue el año que viajamos a España y Willy descubrió las delicias de la cocina española. Consecuencia: al terminar el verano, Willy había aumentado 20 libras. "¡Qué alivio!", pensé, "al parecer no heredó los genes magros de mi esposo". Ya no tenía que preocuparme más de la anemia. Empecé a comprarle tallas más grandes y pronto pasó de la talla "delgado" a la de "robusto". Fue allí que comencé a preocuparme de que su aumento de peso podría ser peligroso para él.

Yo misma he batallado el sobrepeso toda mi vida y no quería ver a mi hijo sufriendo el resto de la suya con el mismo problema o uno peor: la obesidad. Por suerte yo he podido mantener un peso más o menos saludable (aunque no soy flaca) a través de ejercicios constantes y cuidándome en las comidas. Mi hermana y mis primos todos tienen sobrepeso, con todos los problemas que eso trae: presión alta, peligro de contraer diabetes y otras enfermedades físicas y cardiovasculares.

Lo primero que tuve que cambiar fue mi propia actitud y mi comportamiento sobre la alimentación de Willy. "No", me dije a mi misma, "Willy no tiene que terminar su plato de comida si ya se siente lleno". Eso fue lo más difícil, ya que mi esposo y yo tenemos una regla estricta de no desperdiciar comida. Es una buena regla pero estaba perjudicando a nuestro hijo. Su cuerpo no debe recibir más comida de la que necesita. Claro, después empezamos a tener más cuidado con la cantidad que se le servía, pero pronto descubrimos que eso no era suficiente. Willy necesitaba hacer ejercicio físico y mucho.

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