Constantemente escuchamos hablar sobre los peligros de la diabetes y no cabe duda de que esta terrible enfermedad está estrechamente ligada a la obesidad en nuestros niños. Por si esto fuera poco, las estadísticas reflejan que los chicos en este país están más gorditos que nunca. Aunque esta enfermedad definitivamente está en ascenso entre los hispanos, también existen muchas concepciones erróneas que mantienen a los padres lejos de saber cómo prevenir que sus hijos la contraigan o que aprendan a manejarla si es que ya la tienen. "La diabetes es una de las condiciones crónicas más comunes entre niños, al igual que el asma, pero el porcentaje de chicos que la tienen todavía es relativamente bajo", explica Lori Laffel, M.D., jefa de la división de niños, adolescentes y jóvenes adultos con diabetes del Harvard Joslin Diabetes Center y asesora de la revista Parents.
Mientras 9 millones de niños sufren de asma, según estudios recientes, sólo 192,000 tienen diabetes, ya sea de tipo 1 (más conocida como diabetes juvenil) o la más típica entre adultos, de tipo 2. ¡Ésas son buenas noticias! Pero si tu pequeño está en riesgo, la amenaza a su salud es real. Veamos estas cinco realidades sobre esta enfermedad.
Muchos de los niños diabéticos no son gorditos La de tipo 2, que está usualmente relacionada con obesidad, está en boga pues anteriormente sólo se reportaban casos de adultos y ahora han sido diagnosticados niños tan pequeños como de 6 años, explica la doctora Laffel. Más allá de lo alarmante que esto sea, un número aún mayor padece el tipo 1, una enfermedad autoinmune que ha incrementado en un 4 por ciento anualmente desde 1970 -especialmente en infantes. Sólo 3,700 niños son diagnosticados con tipo 2 en comparación con los 15,000 casos de tipo 1 que se reportan anualmente, según el primer estudio que se hace en Estados Unidos, que muestra la realidad sobre la diabetes en nuestros niños. En la diabetes tipo 1, cuyas causas son desconocidas, el sistema inmunológico destruye por error las células del páncreas que producen insulina (la hormona que ayuda al cuerpo a recibir energía de los alimentos). Para contrarrestar esta deficiencia, los médicos recetan a los niños varias inyecciones de insulina al día. En el caso de la de tipo 2, el páncreas normalmente genera suficiente insulina pero las demás células en el resto del cuerpo tienen problemas para utilizarla.
Más allá de qué tipo sea la que tenga tu niño, debes saber que esto representa un alza en el nivel de las células sanguíneas cuando la glucosa de los alimentos -o lo que es equivalente a la gasolina para un auto- aumenta porque no puede llegar a las células sin insulina.
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