Del Desafío al Orgullo

El puente entre la cultura de origen y la adoptada suele tener obstáculos. He aquí las causas y efectos del fenómeno así como consejos para que tus hijos se sientan seguros de sí mismos al alternar entre los dos mundos.

Niños Hispanos Que Viven en Estados Unidos

El rechazo de mi cultura por parte de mis hijos se asomó por primera vez entre abrazos y las páginas de un libro. Mi hija tenía, a lo más, 5 años cuando una noche me anunció a su manera mientras la acostaba que estaba forjando su propia identidad. ?Mami, ya no quiero leer libros sobre brown people?, me dijo cuando me disponía a abrir uno de los cuentos bilingües que yo había escogido con ilustraciones de abuelitas, niñas con nombres castizos y de pelo castaño.

?Pero tú eres latina?, le respondí dolida.

Pasada ya la sorpresa inicial, recordé que la reacción de mi hija era natural entre niños hispanos que viven en Estados Unidos. En un esfuerzo por ser aceptados, a veces se resisten a cualquier cosa que los pueda hacer verse diferentes a los demás. Comprendí que criar niños feliz y orgullosamente biculturales no sería fácil. Es un mundo en que se celebra la Navidad y el día de los Reyes Magos, donde los gatos tienen siete vidas en español y nueve en inglés, en el que la tooth fairy y el Ratoncito Pérez se pelean por los dientes de los niños, y donde Santa Claus alterna con Mafalda y los Rugrats. Un mundo rico y saludable, pero también confuso y hasta contradictorio. Claro que la generación latina actual en Estados Unidos ve una mayor presencia de rostros parecidos a los suyos entre cantantes y deportistas, y cada vez está más expuesta a los llamados crossovers, gente del espectáculo como Shakira o Ricky Martin con un pie en cada cultura. Pero lo cierto es que de allí al biculturalismo hay un gran paso.

La mayoría de las escuelas no están preparadas para fomentarlo y, según los expertos, eso puede crear un conflicto de identidad entre los niños. Está en manos de los padres, agregan, desarrollar en ellos la necesaria confianza en sí mismos para navegar cómodamente por ambas culturas y beneficiarse de lo que les ofrecen. Para los niños que se crían hablando español en casa, un gran desafío se presenta cuando comienzan a asistir a la escuela. A no ser que en ella encuentren personas con las que se identifiquen y que se sientan libres para compartir las experiencias del hogar, se les hace muy difícil sentirse parte de esa cultura, según explica Costanza Eggers-Piérola, investigadora sobre niños biculturales del Center for Children & Families en el Education Development Center de Newton, Mass. Además, de buenas a primeras, los chicos deben prescindir de las 500 ó 1,000 palabras que aprendieron durante sus años iniciales y se ven forzados a comenzar de la nada. ?Pierden esa conexión con su idioma?, asegura, ?y eso es realmente clave en la identidad de un niño, especialmente si lucen o suenan o provienen de experiencias distintas?. Una maestra capacitada en enseñanza bilingüe que permite que el niño use su idioma ayuda a evitar que éste sienta que no pertenece al grupo y se aísle, agrega la especialista. Aunque lo más fácil parecería ser que hay que permitir que el niño hable inglés, sacrificar su idioma natal es innecesario y hasta perjudicial, dicen los expertos. Patricia Rojas, una nicaragüense casada con un chileno, se sorprendió recien-temente cuando su hijo Matthew, de 3 años, que habla español en casa, insistió en ver un vídeo en inglés tras asistir un par de semanas a un programa preescolar. ?Me repetía: ?Español, no? ?, cuenta Rojas. ?Casi me muero. Lo que hice fue decirle que lo podíamos ver una vez en español y otra vez en inglés?. Además de insistir en que sus dos hijos retengan su idioma natal, Rojas se asegura de que aprendan sobre la cultura latina y la estadounidense a la vez. En Pascua, la familia participa en actividades religiosas y además los niños recogen huevitos. En Navidad, arman un pesebre en homenaje al nacimiento de Jesús y reciben regalos de Santa Claus. Sin embargo, Rojas tiene una ventaja importante en la crianza de niños biculturales: la familia vive al sur de Miami, donde sus dos hijos tienen contacto constante con primos y compañeros de clase que en su mayoría se desenvuelven en ambos mundos e idiomas.

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