Comida Indigesta

Desde las rosquillas en las fiestas escolares hasta la pizza en la cafetería, los alimentos que come su hijo en la escuela pueden constituir un serio riesgo para la salud. ¿Pero a quién le corresponde la tarea de vigilar lo que comen los niños?

El debate

Meredith Roth nunca se propuso provocar un alboroto. Y desde luego tampoco quiso que la considerasen "una mujer rara". Sencillamente estaba preocupada por los alimentos que sus hijos, de 4 y 6 años, comían en la escuela. "No se trataba sólo de las opciones dudosas de la cafetería como una lasca de pan acompañada de papitas fritas", dijo la mamá residente en Millburn, Nueva Jersey. "Ni de las golosinas que las maestras repartían en ocasiones especiales. Tampoco los pastelillos o rosquillas que los padres envían para los cumpleaños y las fiestas. Se trataba de cómo todas esas calorías superfluas se iban acumulando día tras día en el organismo de mis chicos".

Roth comunicó su queja a un un reportero de un diario local, con la esperanza de que otras mamás leyeran el artículo y le dieran la razón,. En cambio, provocó furor. Las autoridades escolares la desestimaron como una agitadora y varios vecinos le aconsejaron cerrar la boca. Alguien le envió una nota calificándola como una molestia, y alguien más distribuyó un mensaje electrónico en el que se burlaba de un atuendo de gimnasia que usaba. "Nunca esperé causar esa clase de respuesta", dice Roth. Aunque la reacción airada en ese suburbio de Nueva Jersey fue extrema, se han entablado otros debates similares, aunque menos ruidosos, en pueblos y ciudades de todo Estados Unidos. Ya sea en pequeñas cooperativas preescolares o en los grandes distritos escolares urbanos, los padres y las autoridades se esfuerzan por lidiar con el creciente problema de la comida insalubre en las escuelas. Por supuesto que ningún padre o madre quiere que sus hijos coman cantidades incesantes de alimentos que no son nutritivos. Pero el debate todavía continúa sobre el alcance de la llamada comida insalubre: qué reforma se necesita, y cuánto tiempo las escuelas deben dedicar a la pizza y las papitas fritas en vez de a la lectura, la redacción y las matemáticas.

Empalago Preescolar

Para la mayoría de los padres, las primeras golosinas imprevistas aparecen en el jardín de infantes. "Estoy buscando uno que sólo permita alimentos saludables", dice Sarah Gilbert, madre de un nene de 3 años en Portland, Oregón. "En casa comemos principalmente comidas orgánicas y leemos cuidadosamente las etiquetas. No quiero que nadie le encaje a mi hijo alimentos procesados o vencidos".

Otras tienen una actitud más flexible. "Para mí, la cuestión de las comidas rápidas no es gran cosa", dice Lisa Schwing, de Mandeville, Luisiana, madre de cuatro chicos. "No me preocupa que mis hijos reciban golosinas en la escuela, siempre que sea con moderación".

Las maestras por lo general empiezan diciéndoles a los padres que envíen bocadillos saludables y al principio las madres donan alimentos sanos para una fiesta en clase, como por ejemplo un pastel de banana. Pero después las madres empiezan a tratar de superarse mutuamente: la vez siguiente, alguien podría enviar pastelillos de banana con trocitos de chocolate y después aparecen pasteles de chocolate más grandes. La situación pronto se va de control.

Esas donaciones son tan frecuentes que a muchos padres les preocupan. "En el jardín de infantes de mi hija, parece que cada semana fuese el cumpleaños de alguien", se lamenta una mamá. "Si a eso se le agrega el Día de las Brujas, el Día de Acción de Gracias, la Navidad, el Día de San Valentín y todas las otras fiestas, los chicos están llenándose de golosinas todo el tiempo".

Las escuelas han respondido a tal preocupación estableciendo políticas más estrictas, pero aun éstas causan controversia. Cuando la Escuela Chandler en Duxbury, Massachusetts, prohibió a los padres enviar alimento alguno en el 2004, al menos una madre se indignó. "El día del cumpleaños de mi hija tuvo que usar una banda alusiva especial e ir a la dirección para que le dieran una calcomanía," se quejó Betsy Hunter, quien luchó infructuosamente por hacer que levantaran la prohibición. "No hubo cantos ni risas ni paste-lillos. No fue una celebración. Están quitándole la alegría a la infancia", dijo.

Tentaciones En La Mesa

Una vez que los niños empiezan el jardín de infantes, los pastelillos no son la única preocupación. La cafetería de la escuela requiere que los alumnos, desde los 5 años, enfrenten opciones totalmente nuevas para ellos, sin control alguno de la mamá o el papá.

Los almuerzos escolares, aunque distan de ser perfectos, han mejorado mucho en la última década. El Departamento de Agricultura regula los 28 millones de almuerzos calientes servidos todos los días en las escuelas. Por ley, deben incluir leche, proteínas, frutas o verduras, granos o panes, y no más del 30 por ciento de sus calorías debe provenir de grasas. Pero para aumentar los ingresos, muchas escuelas ofrecen otros productos para comer. Y los niños no reciben mucha orientación sobre lo que les conviene escoger.

"Cuando mis hijos empezaron la escue la, me sorprendí de saber que a las maestras y al personal de la cafetería la ley les prohíbe ayudar a los niños a elegir", dice Michelle Smith, madre de dos chicos en Austin. "Siempre supuse que alguien les diría: '¿No crees que deberías acompañar eso con un vegetal?'".

Además los niños pueden comprar comida fuera de la cafetería. Un informe de la Oficina de Contaduría del gobierno halló que el 46 por ciento de las escuelas primarias tienen máquinas expendedoras llenas de gaseosas, galletitas y papitas fritas. Los carritos con bocadillos y las tiendas escolares también suelen ofrecer más calorías superfluas. Si a eso se le suman las tentaciones de las golosinas que muchas maestras dan como recompensa y la aguda declinación en la duración de recreos y de clases de educación física, es entendible que abunde el exceso de peso infantil. Aunque nadie culpa a las escuelas por la tasa elevada de obesidad en el país, los nutricionistas están convencidos de que para revertir esa tendencia las escuelas tendrán que aceptar ser parte de la solución.

La Cuestion Candente

Previsiblemente, muchos esfuerzos por eliminar las comidas grasosas y las golosinas de las escuelas han formado parte de campañas más amplias contra la obesidad. Una nueva política federal requiere que todas las escuelas tracen un plan de bienestar escolar que atienda la nutrición.

En los dos últimos años, 15 estados promulgaron leyes que restringen la comida grasosa y las golosinas en distinta medida, y otros 24 estados están estudiando restricciones similares. En Arlington, Virginia, por ejemplo, la junta escolar local votó la prohibición de máquinas expendedoras de gaseosas y golosinas. En el distrito escolar unificado de Vista, en California, los comedores de las escuelas primarias inauguraron "bares vegetales" con opciones saludables como brócoli, coliflor, tomates y pepinos rebanados.

Otras escuelas han apelado a chefs famosos como Jamie Oliver y Alice Wateres para ayudarles a crear opciones saludables y atractivas para sus cafeterías, y otras ofrecen huertas donde los niños pueden cultivar sus propias verduras Algunos distritos están experimentando con nuevos horarios. Los investigadores han hallado que los niños que tienen recreo después del almuerzo comen apurados y son más proclives a botar alimentos. Y según el Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades, los recreos suceden al almuerzo en el 73 por ciento de las escuelas. Cuando el distrito escolar unificado de Vista cambió el recreo para antes del almuerzo, "los niños comieron mejor y se redujo mucho el desperdicio", dice la directora de nutrición Enid Hohn.

Anita Courtney, madre y dietista certificada en Lexington, Kentucky, lidió con la práctica de usar golosinas como recompensa en la clase. Dialogó con la maestra de su hija y le presentó una lista de recompensas alternativas, como cantar en un coro improvisado durante una celebración o dejar que el ganador del concurso de ortografía escogiera la narración del día. La lista fue distribuida a toda la escuela y sus sugerencias eventualmente se tomaron en cuenta.

En general se permite a los padres tener estas iniciativas sin que provoquen reacciones extremas de los demás, pero no siempre es posible, como descubrió el año pasado Meredith Roth. "Quizás a la gente no le agradó el modo en que encaré la cuestión", admite. "Pero no se puede complacer a todo el mundo. Sentí que tenía que hacer algo. Alguien tiene que hacerse oír para defender la salud de nuestros niños".

La Cruzada de los Pastelillos

He aquí algunas estrategias sencillas con que los padres pueden limitar a un mínimo la exposición de sus hijos a la comida insalubre en la escuela.

Promueva opciones más nutritivas en las máquinas expendedoras. Algunas escuelas estimulan hábitos alimenticios saludables cobrando menos por productos como pretzels y jugos y más por gaseosas y papitas fritas.

Promueva actos de recaudación de fondos sin alimentos como recompensa. Las ventas de golosinas pueden producir buenas ganancias, pero también se pueden lograr con productos como velas, envoltorios para regalos o calcomanías divertidas.

Identifique a las maestras que usan golosinas como incentivo o recompensa. Dígales que hay otras maneras de homenajear a los estudiantes.

Movilice a otros padres. Plantee la cuestión en una reunión de padres o en el parque de recreo para ver si otros comparten su inquietud. Si lo hacen, discuta con ellos lo que urge hacer y presenten sus ideas en for-ma conjunta ante los administradores y autoridades escolares.

Escriba una carta al director de su diario local. Expresar sus preocupaciones y lograr adherencias a sus ideas es un modo efectivo de llamar la atención del público y las autori-dades sobre la cuestión.

Consulte los siguientes sitios cibernéticos para conocer otras ideas acerca de cómo lidiar con el tema de la nutrición y la comida indigesta en las escuelas de sus hijos.

Parents Are Talking

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